Pensar como cristiano
Si usted es un cristiano auténtico, aunque a veces sea asaltado por malos pensamientos, debe tener una mente renovada. Es un aspecto característico de quienes siguen las huellas trazadas por el Señor Jesús.
El escritor y ministro cristiano inglés Jhon R. W. Stott lo describe de la siguiente manera: "El Espíritu Santo nos abre la mente para que veamos cosas que nunca antes. La mente cristiana no piensa solo en asuntos religiosos, sino que está pensando en las cosas más seculares ¡pero desde una perspectiva cristiana! La mente cristiana busca la voluntad de Dios en el hogar, en el trabajo, en nuestra comunidad, en cuestiones de ética social y política"
Si Jesucristo está gobernando todo nuestro ser, sin duda ya habrá tomado posesión del centro de operaciones que se encuentra en su cerebro. Es el órgano clave. Por tanto, todo cuanto racionalice lo hace a partir de su condición de cristiano. Si no es así, es probable que algo esté fallando con su decisión de ser discípulo del Maestro. Probablemente tiene un pie puesto en las cosas de Dios y otro en la mundanalidad.
Este principio de vida práctica está contenido en la recomendación que hizo el apóstol Pablo a los creyentes de Roma, inmersos en una sociedad corrupta en la cual todo esta enfocado en la maldad: "No vivan según el modelo de este mundo. Mejor dejen que Dios cambie su vida con una nueva manera de pensar. Así podrán saber lo que Dios quiere para ustedes y también lo que es bueno, perfecto y agradable a él." (Romanos 12.2, La Palabra de Dios para todos).
La transformación—producto de la renovación de la mente—nos lleva a conocer la voluntad de Dios y, por supuesto, si cambian nuestros pensamientos también nuestra actitud hacia Dios, hacia nosotros mismos y hacia los demás.
¿Cómo está alimentando su mente?
Un joven pandillero a quien capturaron las autoridades y a quien entrevistaron en un programa de reinserción social de la televisión, explicaba de qué manera sus acciones violentas tenían origen en dos factores desencadenante: el primero, las condiciones de agresividad del barrio que habitaba, y el segundo, las imágenes y conversaciones—cargadas de acometividad—que recibía a través de la televisión, el cine e incluso las canciones que escuchaba en la radio.
¿Ha meditado en las reacciones que motiva la clase de pensamientos de los cuales usted alimenta su mente? Es algo sorprendente. Si anida una forma de pensar exenta de Dios, individualista, sensual, malsana y suspicaz respecto a los demás, no puede pretender que su vida sea tranquila.
El apóstol Pablo instruyó a los cristianos del primer siglo a ser cuidadosos con los pensamientos que albergaban en su corazón:"La paz de Dios hará guardia sobre todos sus pensamientos y sentimientos porque ustedes pertenecen a Jesucristo. Su paz lo puede hacer mucho mejor que nuestra mente humana. En fin, hermanos, piensen en todo lo que es verdadero, noble, correcto, puro, hermoso y admirable. También piensen en lo que tiene alguna virtud, en lo que es digno de reconocimiento. Mantengan la mente ocupada en eso." (Filipenses 4:7, 8 La palabra de Dios para todos).
La forma como alimentamos nuestra mente debe llevarnos a una reflexión cuidadosa, sin olvidar que es la mente en donde se desarrollan los procesos de juicio, percepción, raciocinio e inteligencia de las personas.
El peligro de una mente carnal
Que todavía no tiene a Jesucristo en su corazón, obra en la carne y por tanto, perspectiva de la vida es carnal. El apóstol Pablo sobre el particular advierte de la siguiente manera:"Antes, ustedes estaban alejados de Dios y su manera de pensar los hacía enemigos de Dios porque practicaban la maldad" (Colosenses 1:21, La Palabra de Dios para todos).
Observe que ser un malpensado –término popular en Latinoamérica que identifica a quienes obran con maldad y llevan a la práctica aquello que maquinan—nos distancia de Dios.
Si todavía nos gobierna la carnalidad, todo cuanto pensemos estará invadido por esos criterios como lo enseña la Palabra de Dios:"Sus pies corren a hacer el mal, se apresuran a matar gente inocente. Se ocupan en malos pensamientos; causan ruina y destrucción donde quiera que van." (Isaías 59:7, La Palabra de Dios para todos).
Es hora de que tome conciencia del enorme perjuicio que le está causando el cúmulo de pensamientos que almacena y decida poner freno a la invasión de información negativa que proviene de su entorno, que encuentra su caldo de cultivo en la cultura predominante o en las experiencias que vivencia a diario.
Pensamientos renovados
Es fundamental que avancemos en la renovación de nuestros pensamientos porque inciden directamente en nuestra forma de actuar. Son el aliciente para obrar, el combustible que facilita actuar. Escribe el apóstol Pablo a los cristianos de Éfeso: "Se les ha enseñado a dejar atrás la forma de vida que llevaban antes. Ese viejo ser va de mal en peor por los deseos engañosos. Aprendieron a renovar su forma de pensar por medio del Espíritu..." (Efesios 4:22-24, La Palabra de Dios para todos).
Observe con cuidado que el proceso de renovar lo que pensamos es posible con ayuda del Espíritu Santo. No es en nuestras fuerzas sino con la ayuda del Altísimo. Sólo de esta manera lograremos tener la mente de Cristo que fue aquella de la que también habló el apóstol Pablo: "...nosotros tenemos la mentalidad de Cristo." (1 Corintios 2:16 b).
¿Tiene acaso usted la mente de Jesús? ¿Mora Él en su vida de tal manera que se haya facilitado su obrar transformador en todo su ser? La respuesta a estos dos interrogantes está en sus manos y son determinantes en la obtención de un cambio definitivo y sólido en su existencia.
Conforme a la voluntad de Dios
Cuando se produce la renovación de nuestra mente y sanos pensamientos son los que alimentan nuestro ser, es más fácil someterse a la voluntad de Dios (Romanos 7:25). Aquél que no tiene a Cristo se inclina, como es apenas natural, a la mundanalidad ya que "Los que siguen la mentalidad humana, sólo piensan en satisfacerla, pero los que viven según el Espíritu sólo piensan en satisfacer al Espíritu." (Romanos 8:5, La Palabra de Dios para todos).
¿Cómo satisfacemos la carne? Trayendo recuerdos de espacios de nuestra vida en los que nos solazábamos en pecar, escenas traumáticas o reflexiones a partir de los paradigmas que rigen a quienes no tienen a Cristo en su corazón.
Tome nota de un aspecto esencial: sus pensamientos ejercen una poderosa influencia en sus actuaciones; es necesario por tanto que ponga un filtro a todo aquello con lo que nutre su mente.
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